La Saga de los Confines: Los Días del Venado

Alegoría de la Conquista



Tipo de trabajo: Monografía
Autor de la monografía: Tamara Ailén Fernández
Obras: Trilogía de La Saga de los Confines
Autora de la trilogía: Liliana Bodoc
Editoriales: Punto de lectura/Norma


Hipótesis: la alegoría
El presente trabajo tratará sobre la alegoría[1] que se muestra en La Saga de los Confines, escrita por Liliana Bodoc, en relación con la Conquista de América. El objetivo principal será afirmar las similitudes entre los acontecimientos reales de la conquista y los hechos ficticios de la saga; se relacionarán los diferentes puntos de vista, tanto de los conquistadores como de los conquistados -en la ficción y la realidad- y se establecerá finalmente si la mencionada metáfora es correcta.
Como primera instancia, se debe saber que en la primera parte, Los días del venado, Bodoc construye una alegoría que hunde sus raíces en la cultura precolombina, concretamente en mitos y leyendas mapuches (araucanas), donde las Tierras Fértiles (América) se erigen en el polo opuesto de las Tierras Antiguas (Europa). Según el mapa facilitado que aparece en una de las primeras hojas del libro en cuestión, las Tierras Fértiles se corresponden con Centroamérica y América del Sur. La ciudad de Beleram se situaría entonces en la actual península mexicana del Yucatán y los Confines en la Patagonia.
Pese al nombre, las Tierras Fértiles no son un completo paraíso. Las huellas del cambio climático, consecuencia posiblemente de antiguas guerras o un cataclismo a escala planetaria, se dejan sentir en su accidentada geografía: la exuberancia de la Selva Madre contrasta con la austeridad de los Confines o el infierno de la Tierra sin Sombra, los peligros de El Pantanoso (Amazonas) con la calma del océano interior o las Dunas de Arena. Una tierra de contrastes, donde también tienen cabida criaturas mágicas, una zoología mestiza con la actual y ciudades como la ya mencionada Beleram.
En una de las entrevistas realizadas a la autora, dirigida por Sandra Comino[2], se le preguntó acerca de la cultura mapuche y su relación con la novela. Bodoc, afirmó que los husihuilkes están referenciados a este tipo de pueblos; sus nombres, tradiciones y costumbres, pero sobre todo su índole guerrera y anárquica.
La argentina Liliana Bodoc si bien ha dedicado gran parte de su vida a las letras -fue profesora en colegio y en la universidad- no fue hasta que cumplió 40 años que decidió embarcarse en la aventura de escribir sus propias obras. Tal como ella cuenta, un día amaneció y decidió dejar la docencia para abocarse de lleno a la escritura y a la creación de mundos fantásticos, como los que comparte en la trilogía: La saga de los confines.
Admiradora de Tolkien y la saga El señor de los anillos, Bodoc se maravillaba con su literatura, pero al mismo tiempo la cosmogonía creada por él, esta concepción del mundo tan alejada de la realidad latinoamericana, la enojó y motivó a crear una épica fantástica desde "su lado del mundo", en donde no todos los héroes tuvieran rasgos arios y en donde no todos los malos habitaran en el Sur. Esta intertextualidad furiosa con Tolkien -tal como la autora la refiere- fue dando forma a su propia saga, casi como una reacción contestataria a lo que ella misma admiraba del gran escritor y poeta inglés.
En el año 2000 publicó su primera novela, Los días del Venado, una auténtica sorpresa en el mundo editorial que tuvo, además, un impresionante éxito de ventas y de crítica. Le siguieron en 2002 Los días de la Sombra y en 2004 el tercer y último libro de La Saga de los Confines, Los días del Fuego. Con un estilo original y poético, Liliana Bodoc inventa un mundo completo donde la lucha entre el bien y el mal toma cuerpo en un territorio imaginario, con hombres, paisajes y animales inventados.

La metáfora de la conquista de América
El referente directo de La Saga de los Confines son las culturas originarias de América. Bodoc estudió profundamente los textos de los cronistas de Indias, de los mitos y leyendas mapuches, aztecas y de otras culturas originarias, más algunos textos modernos que daban cuenta del pasado del continente. Luego la palabra escrita entró en acción y junto con su afán y admiración por la poesía, generó una realidad fantástica que hoy tiene grandes seguidores a nivel internacional.
En la trilogía yace la representación de un universo épico desbordado de símbolos, voces, relatos indígenas, crónicas de la conquista y, sobre todo, un afanoso e intenso trabajo de palabra, de la literatura.  Además, la autora afirma haber dedicado mucho tiempo y paciencia a la construcción formal de sus relatos, pero abrevió en la oralidad indígena, en la forma musical y metafórica que tienen ellos de decir; no sólo en los diálogos, sino también en las descripciones y narraciones.
Es una saga de la que se desprende una profunda esencia latinoamericana, que hace partícipe a mitos y leyendas de tiempos olvidados y desvanecidos, de historias propiamente inventadas e imaginadas.
En junio de 2003, la licenciada Sashenka García, realizó una entrevista a Bodoc titulada “La Saga de los Confines”, en donde la autora afirmó lo siguiente:
No puedo, y mucho menos deseo negar que la saga de Los Confines es un imaginario que tiene puesto sus pies en las civilizaciones precolombinas y en la conquista de América. Pero también deseo aclarar que no hay una referencialidad unívoca ni directa. Por cierto hay numerosos acontecimientos en la ficción que no tienen correlato en lo histórico. Por ejemplo, la realización de un concilio que reuniera a los indígenas de todo el continente antes de la llegada de los conquistadores. La derrota, ni siquiera transitoria, de los españoles tal como la sufren por dos veces los sideresios. La convivencia de pueblos nórdicos (bóreos) con los indígenas americanos, el lugar geográfico de llegada de la primera flota, etc...
Liliana Bodoc explica claramente las diferencias que poseen los acontecimientos de la Conquista con respecto a la trilogía. Sin embargo, también hay muchas similitudes.
La conquista de América fue un breve proceso de no más de 60 años en el que mediante diversas acciones realizadas por unos pocos hombres, fueron capaces de explorar y derrotar a grandes imperios y pequeñas tribus y no solamente mediante hechos de armas, sino también mediante un hábil e inteligente uso de la diplomacia y la política y otros aspectos que decantaron la balanza de su lado. A la vez que se conquistaba se colonizaba mediante una ingente fundación de municipios instaurando las leyes castellanas y creando instituciones políticas propias.
Los españoles llegaron a Tenochtitlán (capital del Imperio Azteca) en 1521. Este año se correspondía con el “año 1- Caña” del calendario Azteca. Se repetía cada 52 años, y en ese momento se esperaba la llegada del dios Quetzacoatl. Sin embargo, no se produjo el retorno del dios, sino la llegada de los españoles. Aprovechándose de esta coincidencia los españoles lograron entrar sin problemas en la ciudad y apoderarse de su Emperador Moctezuma y hacerlo prisionero con el objetivo de dominar a todo el pueblo.
Aquí es donde se encuentra una gran metáfora, puesto que el concilio -que representa en este caso a los conquistados- creía que los que vendrían a sus tierras serían los Bóreos, quienes eran los antecesores de la estirpe de los Acechadores del Mar y las Nuberas. Lo mismo ocurrió con los aztecas, puesto que ellos esperaban la llegada del dios Quetzacoatl.
En la primera parte de la novela Los días del venado, el zitzahay, llamado Cucub, cuenta lo siguiente:
[…] Hay quienes creen que son los Bóreos los que llegan. Diría mejor, los que regresan. [3]
Además, afirma que los mismos visitaron las tierras en momentos lejanos y olvidados, y que nadie podría recordar detalles específicos sobre tal acontecimiento, y mucho menos algo acerca de ellos, más que “sus cabellos rojos y su piel sin color”.
Debido a este pensamiento erróneo, los sideresios -representando a los españoles- lograron ingresar a las tierras sin problema alguno, con el objetivo de impedir las alianzas entre los pueblos para dejarlos solos ante el ataque y apoderarse de la Casa de las Estrellas.
[…] El fin era vedar los caminos de alianza entre un pueblo y otro para dejarlos solos ante el ataque. Los pueblos, así separados, no podrían sumar sus fuerzas. Sería sencillo arrastrarlos y luego volcar sus despojos sobre la Casa de las Estrellas.[4]
Por otra parte, en cuanto a cómo los conquistados veían a sus conquistadores, Titu Cursi Yupanqui, gobernante incaico del siglo XVI, relató cómo sus antepasados vieron a los conquistadores:
“Decían que habían visto llegar a su tierra ciertas personas muy diferentes de nuestro hábito y traje, que parecían viracochas, que es el nombre con el cual nosotros nombramos antiguamente al Creador de todas las cosas (...) y nombraron de esta manera a aquellas personas que habían visto lo uno porque diferenciaban mucho nuestro traje y semblante y lo otro porque veían que andaban en unas animalías muy grandes, las cuales tenían los pies de plata: y esto decían por el relumbrar de las herraduras.”
La descripción permite observar las grandes diferencias que los indígenas veían entre su pueblo y los extranjeros. Sin embargo, el asombro es aún mayor con la aparición de un animal para ellos desconocido: el caballo.
El ingreso del caballo en América tuvo múltiples implicaciones, que van desde el éxito de las guerras, pasando por la transformación social y cultural de los grupos indígenas, hasta los cambios ambientales, junto con la introducción de la ganadería. A pesar de que el caballo era originario de América, se había extinguido en el continente, debido a las prácticas de los cazadores-recolectores, razón por la que los grupos prehispánicos no lo conocían y ocasionó, en ellos, efectos psicológicos nefastos, que aprovecharon los españoles en sus procesos de conquista.
Esta es otra de las metáforas que aparece en la trilogía, cuando los sideresios desembarcan en Beleram, pues éstos se presentaron con un semblante prominente  y estaban acompañados de caballos. Estos animales eran desconocidos para los conquistados, y afirmaban que jamás habían visto criatura semejante, además de tampoco haber oído que existiera. Más tarde, pasan a llamarlos como “animales con cabellera”.
Otra de las diferencias entre ellos eran los ropajes, ya que los sideresios vestían capas negras, y los habitantes de las Tierras Fértiles utilizaban atuendos multicolores.
En el capítulo “La huella de sus pies”, los extranjeros y sus animales son descriptos de la siguiente manera:
[…] Hombres de negro y capa abandonaron su nave, avanzaron por el único embarcadero y lo flanquearon de extremo a extremo. […] Y apareció otro hombre, de negro también, pero montado sobre un animal desconocido. […] La bestia, súbitamente erguida, sacó de su garganta un sonido largo y entrecortado, que mucho se parecía al grito de los guerreros cuando se lanzaban a la batalla.[5]
Luego se afirma también que los habitantes aseguraron sentir miedo, pero permanecieron quietos en sus lugares porque, más que el miedo, era fuerte la altivez de su raza.  
Jamás en la historia de la humanidad ha ocurrido un suceso similar como la Conquista de América, y jamás había ocurrido algo similar tampoco en las Tierras Fértiles. Por lo tanto, ambos acontecimientos son importantes y marcan el paso a una nueva edad, a un nuevo tiempo y a un nuevo mundo para los que son conquistados.
Los españoles poseían una de las más grandes ventajas: su armamento. Disponían de espadas, dagas, arcabuces, mosquetes y caballos.
El arcabuz, construido en 1501 por armeros italianos y españoles, disparaba un tiro por minuto, tenía un peso de cinco kilos y medía metro y medio de largo. Cortés utilizó inicialmente diez arcabuces en la conquista de México. Es utilizado por primera vez contra los Paeces en 1540 por García de Tobar.
El mosquete, fusil de dos metros de largo y peso de ocho kilos, de un solo tiro que se cargaba por la boca con pólvora y balas, fue muy utilizado por los españoles durante la época de la conquista, su alcance era de ochenta metros aproximadamente; para mayores distancias se usaba la parábola, la cual no era de muy buena precisión.
El caballo fue muy efectivo en la conquista especialmente en las partes planas. El primero en traerlos al Nuevo Mundo fue Colón en su segundo viaje: este animal y su jinete inspiraron pánico entre los indios. En 1531 Francisco Pizarro desembarcó ventisiete caballos en las costas peruanas.
El caballo "Ocón" del español Juan del Río, arremetió dando coces, dentelladas y manotadas en el furor del combate contra los indios del cacique Aniobongo, causando gran desconcierto y temor y convirtiéndose en un soldado más.
Ya en la tercera parte de Los días del venado, puede obtenerse una específica descripción por parte de uno de los conquistados, acerca de las armas que los sideresios poseen, además de los ya mencionados caballos.
[…] Hermano Dulkancellin, las armas de los extranjeros arrojan fuegos desde una gran distancia, fuegos que desgarran el cuerpo. Tres veces seguidas arrojaron esos fuegos contra nosotros y los guerreros caían como pichones ensartados en vuelo. Fuego, humo, matanza… [6]
Las metáforas desarrolladas son las más relevantes, y en las que este trabajo se basa para justificar la alegoría, además de las similitudes con los orígenes de América y sus habitantes.
Conclusión
La saga de los Confines pretende ser un relato épico que eleve al rango protagónico a los pueblos en lucha por la libertad y hermanados con toda la creación; basado en un tiempo incierto, del que ya no se recuerda nada. Por eso mismo, hace referencia a los orígenes de los pueblos/tribus, refiriéndose en una clara metáfora a los orígenes de América.
Y ocurrió hace tantas Edades que no queda de ella ni el eco del recuerdo del eco del recuerdo. Ningún vestigio sobre estos sucesos ha conseguido permanecer. Y aun cuando pudieran adentrarse en cuevas sepultadas bajo nuevas civilizaciones, nada encontrarían.[7]
Bodoc adopta las costumbres y tradiciones mapuches, aztecas -entre otras- para darle vida a personajes como los guerreros husihuilkes, los zytzahay y los pastores. Por ejemplo, Cucub (zitzahay) es un homenaje a los poetas aztecas de “la flor y el canto[8]”. Sin embargo, es innegable que Cucub posee, además, características del juglar europeo. Aquello de ir de sitio en sitio llevando y trayendo noticias, aquello de divertir, informar y tomar una posición frente a los sucesos.
Con respecto a la metáfora principal, que es la invasión, la primera parte del libro Los días del venado, se basa completamente en la reacción de los indígenas con respecto a los recién llegados españoles, haciendo alusión en primera instancia al armamento, apariencia, y animales adiestrados. Además de tratar también las diferentes conquistas menores que se realizan en las distintas partes del continente.
 El referente de la invasión española resume todas las conquistas y todos los avasallamientos; la lucha de las Tierras Fértiles resume el deseo de un mundo donde se respete y celebre la diversidad. Y donde el hombre no mantenga con la naturaleza un vínculo parasitario sino simbiótico[9].
Las viejas costumbres y tradiciones que los indígenas poseen, al igual que los husihuilkes y otros personajes, hacen que los mismos deseen conservarlas, y por lo tanto, buscan protegerlas de los arrebatos de los extranjeros.
Se llega a la conclusión, entonces, de que la saga posee más similitudes que diferencias con la realidad, y no es más que una gran alegoría de la conquista e invasión del continente americano.
Bibliografía
Libros

  • Bodoc, Liliana. La saga de los Confines I, Los días del venado. Ed.: Punto de lectura.
  • Bodoc, Liliana. La saga de los Confines II, Los días de la sombra. Ed.: Norma.
  • Bodoc, Liliana. La saga de los Confines III, Los días del fuego. Ed.: Norma.
Internet

  • Buenosaires.gob.ar “Biografía de Liliana Bodoc” (No posee fecha de publicación ni autor)
  • Sumadeletras.com “Biografía de Liliana Bodoc” (No posee fecha de publicación ni autor)
  • Literaturainfantil.about.com “Una escritora comprometida de corazón”, Por Alejandra Schmidt.
  • Imaginaria.com.ar “Entrevista con Liliana Bodoc”, por Sandra Comino. 7 de julio de 2004.
  • Banrepcultural.org “Armas de los españoles” (No posee fecha de publicación ni autor)
  • Historiadelnuevomundo.com “La conquista de América” (No posee fecha de publicación ni autor)
  • Literatura.gretel.cat “La saga de los Confines: Entrevista a Liliana Bodoc”, por Shashenka García. Junio de 2003.



Referencias
[1] Recurso retórico (metafórico) por el que se pretende dar a un texto un significado distinto del que parece tener de forma evidente e inmediata. En la alegoría el significado real de un texto permanece, pues, oculto a la lectura ingenua e inmediata, alejándose de la interpretación literal del texto.
[2] Escritora, docente y coordinadora de talleres de escritura y de promoción de la lectura, e investigadora de Literatura Infantil y Juvenil.
[3] Liliana Bodoc. La saga de los Confines. Los días del venado: Parte I, Los hechos antiguos. Página 102.
[4] Liliana Bodoc. La saga de los Confines. Los días del venado: Parte II, Por los caminos de las Tierras Fértiles. Página 222.
[5] Liliana Bodoc. La saga de los Confines.  Los días del venado: Parte II, La huella de sus pies. Páginas 209 y 210.
[6] Liliana Bodoc. La saga de los Confines. Los días del venado: Parte III, El venado y el fuego. Página 245.
[7] Liliana Bodoc. La saga de los Confines. Los días del venado: Parte I. Página 13.
[8] En náhuatl la poesía se llamaba “flor y canto” (in xóchitl, in cuícatl), un rico nombre compuesto que describía simultáneamente varios aspectos de la actividad poética. “La flor-y-el-canto” consistía en un diálogo con el propio corazón, con lo divino, con el mundo y con el pueblo, y tenía mucha importancia en la sociedad de los nahuas.
[9] De la simbiosis o relativo a ella: asociación de individuos animales o vegetales de diferentes especies, en la que ambos asociados sacan provecho de la vida en común.